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Durante siglos, la selva lacandona ha abrigado con su exuberante vegetación un maravilloso vestigio: Bonampak,
que en lengua maya significa, “muros pintados” o “muros teñidos”, apenas descubierto al mundo en la década de los 40’s. Visitar Bonampak es adentrarse en su cultura y experimentar, por medio de su riqueza arqueológica, la vida cotidiana de los que tiempo atrás la habitaron: los mayas lacandones.

Ubicada en el municipio de Ocosingo, Chiapas, esta antigua ciudad comprende un escenario de más de mil hectáreas, donde destacan la Gran Plaza y la Acrópolis. Estando ahí es preciso admirar las construcciones y vistosas pinturas que dejaron nuestros antepasados, para conocer un poco de su religión, organización y las múltiples actividades que realizaban de manera ordinaria y extraordinaria, como su alimentación, vestido, educación, costumbres y tradiciones que, cual mudos testigos, permanecen plasmados en las pinturas, estelas y objetos que labraron las manos de los nativos.


Estupendas son las obras pictóricas expuestas en las tres salas del edificio denominado “de las pinturas” o “de los murales”; en ellas se pueden apreciar escenas de guerras, la historia y dinastía que predominaba en aquella época, así como los oficios que solían desempeñar el resto de los pobladores.
Protegidos por la sombra de los árboles que imperan en la zona, acompañados por la sinfonía de las aves, por el rugido de los jaguares o el aullido de los monos saraguatos, éste se convierte en el escenario perfecto para vivir la experiencia de conocer el suelo que nuestros antepasados transitaban habitualmente.
Artesanías Si se desea, se puede utilizar el servicio de guías, en su mayoría de la etnia lacandona, quienes relatan de manera precisa la historia del lugar. Para el recuerdo existen una variedad de artesanías que son elaboradas
en piedras, maderas y textiles.
Ya adentrados en la selva conviene visitar la subcomunidad de Lacanjá Chansayab, sitio natural ubicado dentro de la reserva ecológica Montes Azules y en la ribera del río Lacan-já (Usumacinta), que es habitado por descendientes mayas que aún conservan su cultura y tradiciones.
El lugar cuenta con instalaciones propias para que el turista pueda pernoctar, pues brinda hospedaje en cómodas y seguras cabañas. También se ofrece el servicio de restaurante, en donde es posible degustar alimentos y bebidas nacionales, predominando la cocina chiapaneca y lacandona, esta última elaborada a base de productos de la flora y fauna de la región.
Resulta emotivo ver cómo las señoras del lugar, ataviadas con sus ropa autóctona, preparan los alimentos en cocinas rústicas y utilizan para su cocción leña y ramas secas que dan a los platillos un sabor particular.
Es posible degustar un delicioso atole agrio elaborado a base de maíz o cualquier tipo de tamal agradable al paladar, además de la comida vegetariana, pues se pueden saborear las verduras, hojas, cereales y frutas que predominan
en la región, como yuca, calabaza y camote, entre otras.
Para tener pleno contacto con la naturaleza es preciso realizar alguna de las actividades que se promocionan en atractivos paquetes, aunque eso sí, se debe elegir la más adecuada al gusto y condición física.

adminBuen Viaje                                  Durante siglos, la selva lacandona ha abrigado con su exuberante vegetación un maravilloso vestigio: Bonampak, que en lengua maya significa, “muros pintados” o “muros teñidos”, apenas descubierto al mundo en la década de los 40’s. Visitar Bonampak es adentrarse en su cultura y experimentar, por medio de su riqueza arqueológica, la vida cotidiana de los que tiempo atrás la habitaron:...Acontecimientos más Importantes